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Patricia Suárez (Mieres, Asturias, 1999), oscila entre la filología española y el mundo de la comunicación en la Universidad de Oviedo. Publica en 2017 su primer poemario: Limerencia y en 2019 La flor cortada, ambas publicadas por Ediciones Camelot. Ha formado parte del jurado del premio literario Eugenio Carbajal en 2017 y en 2018, así como en tertulias literarias. Ha participado en antologías de poesía asturiana como Fuera de guion (2019) coordinado por José Yebra y presentado en el FICX (Festival Internacional de Cine de Gijón). A su vez, mantiene una presencia activa en eventos como “El premio Menina” (Oviedo, 2019) establecido por la Delegación del Gobierno de Asturias; “Buenos tiempos para la lírica” (Mieres, 2019) dentro de la programación artística de FIASCO o dentro de la gira “Oxígeno” (Madrid, 2020) de Edgar Oceransky y Diego Ojeda

viernes, 6 de marzo de 2020

Simbolismo en torno al Cid: visión franquista frente a la visión del exilio.


El Cantar de Mio Cid pertenece al género de la épica, que se caracteriza por presentar una historia heroica en la que el héroe -masculino- debe enfrentarse ante una serie de obstáculos para cumplir una misión de importancia colectiva o nacional. El objetivo de la comunidad receptora del Cantar es reconocer a través de los valores expuestos por el héroe (habilidad guerrera, fidelidad, etc.), unos sentimientos religiosos o patrióticos exaltados. Entre el escenario recreado en el Cantar y la realidad se establece, como denomina Colin Smith, una “comunión ideológica”, que da lugar a la interpretación subjetiva de la historia épica.
 La figura del personaje del Cid, el que en buena hora ciñó espada, sirvió de inventario moral durante la Guerra Civil española y el franquismo posterior. A Causa de las acciones que protagoniza el héroe a lo largo del Cantar, se tematizan elementos que interesan a una determinada comunidad.
 Destacan temas como el del buen vasallo, debido a que el Cid en ningún momento del cantar se enfrenta a Alfonso VI por el destierro inmerecido, sino que a medida que mejora la posición jerárquica el noblecillo, le regala al rey caballos como símbolo de sus victorias en las batallas:
“Ido es a Castiella   Álbar Fáñez Minaya, / treynta cavallos    al rey los enpresentava
[…] Pues quel’ vos ayrastes,    Alcoçer gañó por maña”.
 El Cid, como fiel servidor del poder real, es un ejemplo moral que emplea el régimen franquista, que acabada la guerra instauró una dictadura en la que destacó el uso de la simbología. La colectividad española formó un imaginario moral en torno a la figura de Rodrigo Díaz de Vivar. La lectura del Poema de Mio Cid  y, por tanto, las ideas extraídas de sus acciones, van variando entre los distintos contextos temporales y sociales. El Cid, imagen propagandística de los vencedores franquistas, reaparece dentro del ideario patriótico en el fin de la Guerra Civil (1939): “El Cid rompió las cerraduras de su sepulcro”.
 El que en buena hora nació es un claro ejemplo de valentía en sus conquistas. Este lucha en las batallas, preocupándole más la victoria que arriesgar su propia vida. El valor del héroe se muestra en la batalla contra los reyes Fáriz y Gálvez, que con un ejército de 3000 moros acorralaron al Cid y este, en vez de darse por vencido, decidió luchar y venció.
  La defensa de la patria que recrea el héroe refleja en el hecho franquista, la necesidad de la figura de un caudillo militar que protegiera la unidad del territorio español:
 “En tierra de moros   prendiendo e ganando, / e durmiendo los días    e las noches tranochando, / en ganar aquellas villas   mio Çid duró tres años”: Estos versos hacen referencia a la conquista de toda la región de Valencia.
 A esta lucha patriótica se une la exaltación de la religión y, por tanto, la protección del suelo cristiano, ya que el héroe épico agradece y ruega, desde el principio del Cantar, a la figura de Dios:
“Yo ruego a Dios   e al Padre spirital […]”.
 Esta aproximación explícita en el Cantar de Mio Cid a la exaltación de la fe como modo de agradecimiento y ejemplo, crea en el inventario moral del receptor un símbolo de acercamiento a Dios. Este elemento temático ha servido como divulgación durante la dictadura española, ya que el nacionalcatolicismo de finales del siglo XX se entrecruza con el Cantar de finales del XII – principios del XIII, ya que la religión fue entendida como instrumento nacional y símbolo de la imagen española.
 De forma contraria al ideario franquista, hubo individuos que vivieron una persecución durante este periodo de finales del siglo XX. Este colectivo afectado por la situación bélica y posteriormente dictatorial, toman el mito del héroe Rodrigo Díaz de Vivar y transforman el destierro injusto y, por tanto, inmerecido de este en el exilio también injusto e inmerecido de las víctimas de la Guerra Civil española.
 Los poetas de la Generación del 27 destacaron el lado humano del Cid, destacado en pasajes como la despedida del Cid y su esposa e hijas; la preocupación de este porque sus hijas lleguen a ser “dueñas ricas”, es decir, damas opulentas. A su vez, destaca la humanidad en la clemencia del Cid ante los moros, cuando asegura que con descabezarlos no ganarían nada y prefiere servirse de ellos. El Cid en la colectividad moral de los poetas del 27 no destaca por ser un excepcional guerrero, sino que sobresalen sus preocupaciones humanas y la situación del destierro inmerecido.
 Federico García Lorca en una carta dirigida a Jorge Zalamea le escribe a su amigo: “¡Soy más valiente que el Cid Campeador!”
 A su vez poetas como Dámaso Alonso o Pedro Salinas aluden en su creación poética a la figura del Cid, quien versiona el Cantar en un lenguaje moderno.
 Por último, hay que destacar al poeta Rafael Alberti, que se compromete a raíz de su exilio a simbolizar la figura revolucionaria del Cid, alejada de los hechos bélicos. Alberti en su obra Como leales vasallos recurre al Poema de Mio Cid para expresar su propia situación desde el exilio:
“Hincado. Así. / Y en los dientes, / el corazón, y en los labios, / contra tu tierra con sangre, / todo su sabor amargo. / Dolor a muerto en la lengua, / sabor a desterrado / […].
 El propósito de este ensayo ha sido plasmar las diferentes visiones que ha tenido el Cantar de Mio Cid en los momentos más destacados de la historia española. Las diferentes visiones de la historia y, sobre todo, del personaje heroico muestran la subjetividad del entendimiento de las acciones. Esto es, el pueblo como sociedad acoge unas ideas acomodándolas a su contexto o necesidad colectiva.

Reseña de “Adú”

“Sueñan los nadies”
Título original: Adú
Año/ País: 2020/ España
Género: Drama social
Duración: 119 minutos
Dirección: Salvador Calvo
Reparto: Luis Tosar, Anna Castillo, Ana Wagener
Estudios: Ikiru Films, Telecinco Cinema
Distribuidora: Paramount Pictures



 Eduardo Galeano dejó plasmado en su poema ‘Los nadies’ el cómo esos “nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada” sueñan con salir de pobres. Estos versos mencionados hilan en el trasfondo con Adú (2020), el nuevo film dirigido por Salvador Calvo, protagonizado por un niño camerunés de seis años que da nombre a la película. Calvo es conocido por Niños robados (2013) o por 1898: Los últimos de Filipinas (2016) -entre otros-. En sus películas siempre predominan los temas morales: Calvo pretende remover las mentes del público.
  Adú hila tres historias desde tres puntos de vista antónimos: el de los miembros de seguridad que vigilan la valla de Melilla; el de los cooperantes y, por último, el de la inocencia de un niño que solo quiere luchar por su vida.
 Mientras el pequeño camerunés y su hermana luchan por llegar a Europa, un padre (Luis Tosar) viaja de Madrid a África para luchar contra la caza furtiva de elefantes y, a su vez, para intentar restablecer la relación con su hija (Anna Castillo). Al margen de la lucha personal de estos personajes que comparten objetivo, aunque sea distinto, se encuentra el cuerpo de policías, que desde un enfoque frívolo y maquiavélico, son capaces de sobrepasar los límites humanos con tal de resolver los asuntos desde su propia ética. La defensora de los inmigrantes (Ana Wagener) lucha porque se haga justicia y se acabe con el racismo que, aún a día de hoy, sigue removiendo a Europa.
 Desde un escenario concreto; la valla de Melilla, que separa a Marruecos del territorio español, hasta el viaje del héroe precoz que sigue adelante sin conocer las maldades de la vida, se revela el alma humana de un niño que desde la pantalla, emociona a todos con su sonrisa e inocencia.
 En ese periplo conocerá al amor que le fue arrebatado, pero también vivirá el fenómeno de la emigración: las vallas, el hambre, el mediterráneo. Este film es un claro ejemplo del cine de aventuras con crítica social y, sobre todo, con carga humana. A veces hace falta abrir los ojos desde una butaca y ver cómo mira Europa al resto de caminos, que luchan por atravesar las fronteras. La pantalla, en este caso, plasma la realidad alejada de la ficción y fija en ella todas las imágenes de la supervivencia.
 Adú (2020), me atrevería a decir, se ha convertido en una de las películas indispensables para aquellos que vivimos acomodados en una casa a la que le podemos llamar hogar. Con final abierto, futuro incierto y mensaje cerrado, este film desnuda al racismo presente en la sociedad y deja una estela de esperanza para quienes pensamos que esto debe terminarse.

miércoles, 4 de marzo de 2020

El Fígaro romántico y su última nochebuena

Mariano José de Larra:




 Larra (24 de marzo de 1809-13 de febrero de 1837) fue un periodista, escritor y político español durante el movimiento romántico. Hijo de Mariano de Larra y Langelot, médico afrancesado, y de María de los Dolores Sánchez Castro. La familia se vio obligada a emigrar en 1813 a Burdeos a causa de la expulsión de las tropas napoleónicas.
En 1818 a raíz de la amnistía que coincidió Fernando VII a los exiliados, Larra y sus progenitores volvieron a Madrid. Como consecuencia del exilio, Larra obtuvo, con apenas nueve años, conocimientos franceses alejados del patrón español de la época.
 En un ambiente de repulsa hacia las tendencias francesas, comenzó sus estudios. Los años que pasó en Francia justificaron su acelerada crítica hacia la realidad que imperaba en España; la vuelta de “El Deseado”, exiliado durante la Guerra de la Independencia en Bayona, produjo en la población ilusiones de cambio, posteriores al conflicto contra el ejército napoleónico. Fernando VII firmó en un primer momento la Constitución de carácter liberal (Cádiz: 1812); sin embargo, su pretensión fue otra y se las ingenió para ganarse la confianza del pueblo, ya que instaló la vuelta del absolutismo y terminó por anular la Constitución.
 El deseo de crítica se instaló en Larra de forma precoz. Inició su labor periodística con la fundación de El Duende Satírico del Día, un folleto mensual. Cabe destaca que su artículo “El café”, fue escrito cuando este tenía 19 años; sin embargo, su postura ante las costumbres españolas se vio reforzada con la publicación de su revista satírica El Pobrecito hablador, que escribió bajo el seudónimo de Juan Pérez de Munguía.
 En 1833 inició una nueva etapa en su carrera bajo el seudónimo de Fígaro, en la Revista Española y El Observador, donde introdujo la crítica literaria y política además de la crítica costumbrista. Esta libertad de expresión fue propiciada por la muerte de Fernando VÏI. Destacan en esta etapa los artículos “Vuelva usted mañana” o “Entre qué gentes estamos”.
Es necesario destacar que además del movimiento realista, en la primera mitad del siglo XIX se introdujo el Romanticismo, caracterizado por el ansia de felicidad, cambio y subjetivismo; predominancia del yo; la libertad como expresión verdadera del protagonista. Larra recogió del Romanticismo la ironía y la mordacidad crítica y, a su vez, predominó el sentimiento romántico en los aspectos íntimos de su vida; véase el suicidio del mismo.

“LA NOCHEBUENA DE 1836”
 Este artículo se publicó por primera vez bajo el seudónimo de Fígaro en el periódico El Redactor General el 26 de diciembre de 1836, con el mismo formato que la Gaceta.
Envuelto en un tono melancólico y, a su vez, partiendo de una visión social y personal pesimista, Larra bajo el seudónimo de Fígaro recrea aquella Nochebuena de 1836.
Esta fecha señala un periodo bélico: la Primera Guerra Carlista (1833-1840), entre los carlistas y los liberales. Por tanto, la situación política fue la de una Guerra Civil con todas las consecuencias que esta incluye. Larra añade a esta situación de revueltas, su propia situación sentimental; enamorado locamente de Dolores Armijo.
 Es por ello que Larra, ocultado tras el seudónimo de Fígaro, muestra una visión pesimista, cargada de fracasos a niveles personales que le llevan a la amargura; fracasos amorosos y, a través de esta percepción elabora una crítica teatral y política de la realidad española. En este artículo, el autor ha perdido la esperanza en el movimiento político a causa de los gobiernos liberales que frustran y, de un periodo democrático que no termina por darse.
Pese a esa visión liberal y transgresora, no hay que olvidarse de la época. Larra muestra cierto clasismo en el subtítulo del artículo: “Yo y mi criado”; posiciona primero al pronombre personal justificando a pie de página que cree valer más que su criado, ya que si así no fuese, le serviría Larra a él; sin embargo, en el desarrollo del artículo se ve a un Fígaro desilusionado y solo y, por otro lado, a un criado borracho dominado por la hipocresía, que no duda en decirle la verdad a Fígaro mediante un lenguaje poético y elaborado, que choca con la condición de siervo.

Entrevista a León Benavente

Entrevista a León Benavente

El jueves 27 de febrero entrevistamos en «El escrito» a León Benavente, una de las bandas de música del panorama actual español.
León-Benavente, ese tramo de ninguna parte, pasa a convertirse en música en 2012 de la mano de cuatro grandes veteranos de la materia: Abraham Boba, Eduardo Baos, Luis Rodríguez y César Verdú.
Este grupo que continúa agotando entradas, llenando hasta la bandera las salas, bebe del rock, del indie, del pop, pero su música no necesita atributos adyacentes. Sus letras hablan, salpican entre el público y hacen despertar las  mentes al ritmo de 'La canción del daño' o 'Gloria', la canción que corona cada espectáculo.
«Vamos a volvernos locos», su último disco en colaboración con Maria Arnal, Eva Amaral o Miren Iza, conocida por Tulsa. Este CD recorre la cara escondida de las personas; qué es lo que queda después de la farra cuando todos llegan a sus casas y cierran las puertas.
'Ayer salí': “Rozábamos el éxtasis a las tres de la mañana y había hecho tantos amigos / y horas más tarde no los recuerdo. / Piensa / todo gente hermosa dentro de su decadencia pero a ti no te vi”.





Imagen del concierto en Espacio Estilo (Oviedo) el 28 de febrero. Entradas agotadas.