Datos personales
- Patricia Suárez
- Patricia Suárez (Mieres, Asturias, 1999), oscila entre la filología española y el mundo de la comunicación en la Universidad de Oviedo. Publica en 2017 su primer poemario: Limerencia y en 2019 La flor cortada, ambas publicadas por Ediciones Camelot. Ha formado parte del jurado del premio literario Eugenio Carbajal en 2017 y en 2018, así como en tertulias literarias. Ha participado en antologías de poesía asturiana como Fuera de guion (2019) coordinado por José Yebra y presentado en el FICX (Festival Internacional de Cine de Gijón). A su vez, mantiene una presencia activa en eventos como “El premio Menina” (Oviedo, 2019) establecido por la Delegación del Gobierno de Asturias; “Buenos tiempos para la lírica” (Mieres, 2019) dentro de la programación artística de FIASCO o dentro de la gira “Oxígeno” (Madrid, 2020) de Edgar Oceransky y Diego Ojeda
sábado, 23 de mayo de 2020
‘Quisiera’
Quisiera saber a qué sabe un nenúfar
en la oscuridad de una ventana muerta.
De qué color son las cosas dentro de mis pensamientos,
retratarlos en un sitio oculto, debajo de mi cama.
Quisiera probar los brotes de la primavera,
hacerle una llamada al estómago
y llenar el aforo con todas las habitaciones completas.
Quisiera saber cómo es mi mirada
a los ojos de la certeza; fundir mi casa con el ombligo y crear una puerta ajena a las entradas.
Que no sepan de mí las calles,
no contar mi vida por los bares
y llegar a mí con la única resaca de no haber coincidido conmigo en toda la noche.
Quisiera aplaudir, como quien se encuentra en el sofá,
soñando con sentarse en un palco.
Y atender al simulacro,
dormirme sin esperar el incendio. Y no correr.
Correrme pensando en todos los poemas que me han hecho no dormir,
por todos los que no escribí,
por todos los que leí pensando que estaban contando cosas de mí que ni yo misma sabía.
Quisiera tener siete flores semanales para que nunca se muriera el ramo. Renacer entre la vocación de ser planta, plantilla y plano.
Qué lejos quedan las palabras que no dan agua
y qué sed repentina invade, con sutileza, el carácter del significado sin acción.
Quisiera desnudarme en un mapa. Llenar mi cuerpo de números, de portales, de plazas. Esperar a que otros redactaran las curvas de las calles, callejuelas y carreteras.
Vestirme en el centro. Pasearme sin gps, abandonar mi sitio. Culminar al día con el régimen de una falda caída y una falsa creencia de la piel.
Quisiera saber cuántas raíces hacen falta para convertirse en árbol,
tallar la genealogía de un bosque y buscar entre el barro el oro falso.
Mudarme de río. Hacerme mar y conquistar el parnaso.
Quisiera saber qué maquillaje usa la luna
y el número exacto de cristales que caben en mi boca antes de brillar.
Qué cara sale la letra del cielo cuando las estrellas cubren al poema.
Y yo quedo, entre el insomnio y la ceguera,
buscando una salida que no se ha escrito.
Porque no es la poeta quien reelabora el asfalto, sino quien peligra en el margen y salta al vacío.
En busca de poema,
premisa,
nomenclatura,
palabra y primavera.
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