Datos personales

Mi foto
Patricia Suárez (Mieres, Asturias, 1999), oscila entre la filología española y el mundo de la comunicación en la Universidad de Oviedo. Publica en 2017 su primer poemario: Limerencia y en 2019 La flor cortada, ambas publicadas por Ediciones Camelot. Ha formado parte del jurado del premio literario Eugenio Carbajal en 2017 y en 2018, así como en tertulias literarias. Ha participado en antologías de poesía asturiana como Fuera de guion (2019) coordinado por José Yebra y presentado en el FICX (Festival Internacional de Cine de Gijón). A su vez, mantiene una presencia activa en eventos como “El premio Menina” (Oviedo, 2019) establecido por la Delegación del Gobierno de Asturias; “Buenos tiempos para la lírica” (Mieres, 2019) dentro de la programación artística de FIASCO o dentro de la gira “Oxígeno” (Madrid, 2020) de Edgar Oceransky y Diego Ojeda

martes, 28 de abril de 2020

28/04/2020: ya tocaba escribir.
........................................

Buscas en el invierno
el calor de un verano que te seque las armas,
que se han ido oxidando y ya solo apuntan hacia ti.

Buscas en el ramaje de un árbol seco
la sombra de una primavera que no acaba de dar su fruto.

Buscas, señalando,
el sitio adecuado;
la hora adecuada;
el día adecuado;
la palabra adecuada
y caes,
caes en la idea de que en tu clima no hay tema,
 sino barro que se escurre por tus manos.

Buscas una acequia
entre tu pecho y tu cadera
y admites, sin la prueba encontrada,
que tu cuerpo no logra abrirse
porque tiene miedo de hacer de la carne un cielo.

Pero sigues buscando, insensata;
entre los poemas que te plantan y las gotas que caen
abres un libro en canal para ver qué se posa en tu regazo.

Y te encuentras con un verso ajeno
y con un ambiente que se adueña de tu ventana.

Dejas pasar la lluvia,
dejas que llueva la sonoridad frente al espejo
y solo te queda vaho sin dibujo.

Buscas en las estaciones un viaje al centro de ti
sin saber que la única capital que habitas es la de tu nombre.



lunes, 13 de abril de 2020

¿Quién le dijo a Bernarda que nos acogiera en su casa?

                                           Ver las imágenes de origen
Entramos en la casa de Bernarda sin apenas darnos cuenta; nos hemos acomodado en su salón sin haber llamado al timbre. Descalzos, como quien escapa de lo que busca al encontrarse con algo distinto. Con la cara larga y la mirada perdida buscando dónde se metió la palabra hogar y qué día perdió el pájaro su nido. Ahora los calendarios cantan diferente; todos los días son repeticiones de domingos. La fe se queda con Bernarda, nosotros desde el luto nos vestimos de paisaje para fundirnos como espíritus narcisos en el reflejo de cualquier río.

Pero ahora estamos en casa de Bernarda. Estamos de luto.

Pero ahora estamos en casa de Bernarda y no hay ningún Pepe Romano.

Pero ahora estamos en casa de Bernarda y yo no me llamo Adela.

Pero ahora estamos en casa de Bernarda y yo no tengo hermanas.

Pero ahora estamos en casa de Bernarda y mi madre no es la viuda.

    Entramos en la casa de Bernarda y nuestro apellido no es Alba; somos parte de la genealogía rota que anda constantemente en busca de las ramas.

Qué calor. Nos asomamos a las ventanas.

En esta casa siempre hay sed; sed de bebernos la vida desde la calles.

    Estamos confinados y yo vestida de verde; la palabra libertad me ha roto el vestido y finjo, entre acotación y hora, que mi deseo por respirar es tan puro como el blanco y negro.

Pero yo no soy Adela. Ni mi casa es ya mi casa.

Todas las noches miramos a la luna o ella nos ve a nosotros con ojos de Arcipreste de Hita.

Pero yo no creo en la noche. Ahora estamos contemplando a las estrellas bañándose en sopa.

Ahora escribimos porque lo único que nos ata es aquello que no decimos.
                              No podemos perder el atributo de libres. 

Nacer vulnerable es el mayor sinónimo de estar vivo. Somos invulnerables a la invariabilidad.

Pero ahora estamos en casa de Bernarda y mi nombre es Calle.

Pero ahora estamos en pandemia y mi nombre es Aire.

¿Quién le dijo a Bernarda que nos acogiera en su casa?






jueves, 2 de abril de 2020

Muy Hopper



Tú, 
que divagaste en las entrañas del arte
sin saber de qué color es el alma de las cosas que te rondan.

Tú, 
que cada día cambias de pintor favorito y un día eres renacentista y alabas a Tiziano; otro eres barroco y te mueres con Velázquez y sus Meninas; otro eres neoclásico y te tatúas en el antebrazo un retrato de Villers; otro romántico y te enamoras de las mujeres de Makovski; y hoy, 

hoy eres muy Hopper. 

Tú, 
que justificas la existencia con un «estoy bien» 
y, añades que la cronología del arte es un columpio segado por la ausencia de un niño,
que solo se cuenta cuando se corta; 
cuando madura; cuando se vive; 
cuando acaba para el artista y comienza para el otro. 

Añades,
que la genealogía del arte es de padre reñido y que el tiempo no pertenece a la familia, 
sino a la certeza de saber que hay periodos extranjeros
que más tarde habitan en el país de un cuerpo acomodado al traslado. 

Pero hoy estás muy Hopper
 y el tiempo se te muere cuando entra por tu ventana 
y no dejas que salga una vez bajada la persiana.

Tu vida cabe en una habitación de Hopper 
y solo te sientes lleno cuando te das cuenta de que te rodea el vacío.

Pero te sientes Hopper estando en casa. 

Tú, 
que empiezas las novelas largas por el final y desearías saber cómo acaba el cauce 
antes de que nazca el río, 

que descubres que de la casa al arte 
hay un escalofrío y un poema, 
un cuadro en la pared 
y una canción de fondo,

pero nunca llegas sin mojarte
 porque lo que buscas es el calado sin constipado.

Te sientes Hopper y te afilias a su soledad. 

Lees «La Peste»; te corroe la peste; 
piensas que el artista esculpe el dolor hasta que lo convierte en motivo visible. 
Tienes miedo al arte que se piensa y no se plasma. 

Te sientes Hopper y aplaudes a las ocho. 

Te das cuenta de que tu calle 
no es inmune a la desgracia y finges, 
con la cobardía de un necio, 
que cualquier tiempo pasado fue peor en vida y mejor en arte. 

Corres la cortina. Dan las ocho y cinco. 

Te sientes muy Hopper:

 Intentas abarcar la nomenclatura de los días perdidos. 

Poesía en tiempos de confinamiento



Parafraseando al cantante Iván Ferreiro, en tiempos de confinamiento sí que son buenos tiempos para la lírica.
    Desde La Casa de la Cultura de Mieres (Asturias), que durante estos días transmite su programación cultural a través de las distintas redes sociales del Ayuntamiento, así como de las distintas bibliotecas públicas, el pasado 21 de marzo se ha celebrado de una forma especial y más emotiva que de costumbre El Día Mundial de la Poesía.
   La concejalía de cultura, encabezada por Juan Ponte, ha aceptado la propuesta "Poesía dende casa" para hacer llegar un recital colectivo de la mano de poetas y cantautores asturianos, así como de otras partes de España o del ámbito musical mexicano.
 Este acto ha sido transmitido al público el sábado 21 a las 20.00h y ha quedado grabado en las distintas páginas públicas, destacando el número de espectadores alcanzados en YouTube.
  Recital conducido por Patricia Suárez, quien ha inaugurado el recital con uno de sus poemas y ha presentado al resto de asistentes. Poetas asturianos como Víctor G. Juncal, Carlos Barral, Juan Luis Nepomuceno, José Yebra, Ana Lamela, María Latores o Julia Navas han optado por recitar uno de sus poemas en castellano y, a contraposición de estos, han sido los poetas Alfredo Garay, Lurdes Álvarez y Laura Marcos, quienes han optado por recitar una de sus composiciones en lengua asturiana.
A su vez poetas del ámbito nacional como Carlos Salem o Davile Matellán -entre otros-, han querido participar en este encuentro.
     Hubo espacio para la poesía y también para las canciones, con la presencia de cantautores asturianos como Javi Vallina, Alfredo González o Nacho García, así como el conocido cantautor y poeta mexicano Edgar Oceransky o Frank Navarro.
Este recital fue sin duda una tregua para estos tiempos de incertidumbre.